Jimena Ruiz Echazú: «Queremos transmitirle a los niños que todos, en algún momento, vamos a necesitar la ayuda de otros»

Jimena Ruiz Echazú: «Queremos transmitirle a los niños que todos, en algún momento, vamos a necesitar la ayuda de otros»

«Oliverio y la tormenta» invita a niños y padres a reflexionar, jugar y comunicarse a través de la experiencia teatral. La actriz Jimena Ruiz Echazú ha concebido esta obra junto al cantautor español Ismael Serrano como regalo para la hija que tienen en común, Lila

Las luces se apagan. El bullicio da paso a ese silencio cargado de expectativa, de emoción contenida por lo que está por venir. La intriga se funde entonces con una música tenue, suave, sin estrépitos (será la tónica de lo que se escuchará hasta el final). Se abre el telón. «Y eso es la magia del teatro», sentencia Jimena Ruiz Echazú. La actriz protagonista de Oliverio y la tormenta, obra que dirige y escribe junto al cantautor Ismael Serrano, tiene muy claro no solo el cómo de su proyecto sino el qué.

Este musical para niños está tejido con el amor de quien, aparte de «confirmar cada día» su pasión por el público infantil, ha concebido esta obra como un regalo para su hija de cinco años, Lila. Oliverio y la tormenta se estrenó en junio de 2017 y ha rodado por España y Argentina desde entonces. Como es lógico, la obra ha evolucionado -«yo no soy la misma ni como actriz ni como madre»-, se le han añadido detalles y se juega más con la participación del público aunque la esencia es la misma. Y esta está muy clara: «Tratamos temas que no vemos representados en otros espectáculos, como la inclusión, aunque el leitmotiv de nuestra obra es la empatía. Queremos transmitir la idea de que todos, en algún momento, vamos a necesitar la ayuda de otros, ya sea porque nos pongamos viejitos, me fracture un brazo o tenga una pupa…A todos nos va a pasar algo y vamos a necesitar de los demás. Cultivemos, entonces, esta sensación de comunidad», vuelve a sentenciar Echazú.

En esta obra (que planea convertirse en serie), tejida tan cuidadosamente, la idea de empatía se hila con otra, casi como consecuencia: Serrano y Echazú concibieron este trabajo para transmitirle a su público de infantes que no todos somos iguales. «El colegio de nuestra hija está habilitado para niños con discapacidad motora. Una maestra me dijo algo que me grabó para siempre:«Todos tenemos una discapacidad». Incluso puede ser emocional. Debemos aprenderlo y normalizarlo porque así se ayuda a los demás y también al propio niño», explica Serrano.

Estos mensajes no llegan a las butacas de cualquier manera. Serrano y Echazú reivindican el teatro como medio para enseñar, aprender normas de convivencia y reconocer los momentos de silencio o de participación. Es lógico no esperar entonces una obra de fuegos artificiales, que persiga la sobreexcitación. Sin descartar este tipo de espectáculos Echazú y Serrano han apostado por otra cosa: Emma, una joven de apariencia adolescente, algo angelical, de mirada y voz suave canta en vivo (letras compuestas por Serrano y con un tercer disco en camino) acompañada por xilófonos, campanas y un ukelele en medio de una escenografía discreta, sin estridencias. El argumento de la obra -Oliverio es un ratón robacalcetines que tiene miedo a la tormenta-, sirve también para transmitir otro mensaje: «Los miedos de los niños son legítimos, ¿cómo no va a tener miedo un niño a la oscuridad si incluso a veces nos pasa a los adultos? Lo mismo sucede con el llanto, parece que no pueden llorar o estar de mal humor. Debemos enseñarles a asumir sus propias debilidades y amigarse con ellas, es saludable para crecer con un buen amor propio», explica Serrano. Una de las canciones clave en la obra es «Todo habla», que alude a la idea de que hay que saber escuchar a los niños. «La idea es la del respeto hacia el niño. Cuando haces una búsqueda sobre las mejores canciones infantiles todas se adaptan a los gustos de los padres, lo mismo con las películas infantiles que tienen chistes para adultos. Es como si compartir algo con tu hijo supusiera una renuncia a la que no estamos dispuestos a ceder; nos tenemos que dar cuenta de que hay un código compartido».

En esa práctica de prestar atención a lo que los niños quieren, un elemento en el que se insiste a lo largo de todo el desarrollo de la obra es el de la imaginación: «La imaginación es el motor de cualquier niño, que lo saca de cualquier situación, desde el aburrimiento a otras más complicadas. En la obra contamos historias que empujan a que al niño se le disparen imágenes», explica Echazú. Imágenes que forman parte de ese hilo que teje una obra cuyo último objetivo es transmitir la idea de que «extremadamente necesaria de que otro mundo es posible», sentencia la actriz.

 

Puedes ver la entrevista en abc.es